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Dos remos. Ése es el logo de Hondarribia sobre un fondo verde, tan verde como las suaves laderas que abrazan el Bidasoa y su bahía, tan verde como el el corazón de los hondarribitarras, que expresaron como nadie su amor por el Remo tiñendo las calles con el color de su club y acudiendo en masa a animar a su trainera. Una “mareona” verde que expresó su cariño por nuestros remeros y aficionados en cuanto detectaron nuestro azul cobalto. Son conscientes en Hondarribia del mérito que tiene el Club de Remo de Ares al competir en la Liga ACT con una tripulación canterana y con escasos recursos económicos; por ello nos arroparon con su aliento y nos animaron como nadie lo había hecho hasta ahora. ¡Gracias Hondarribia!

Dos remos. ¡Qué paradoja! Dos dichosos remos rompieron nuestros remeros de babor en las boyas de fuera. El primero, cuando la Santa Olalla se lanzaba primorosa hacia su primera ciaboga después de un largo fantástico, remando con mucha facilidad, las cuatro tripulaciones en un pañuelo disputando un duelo soberbio…y partió un remo; con él nos quebramos todos menos nuestros remeros, que realizaron un segundo largo antológico, el mejor largo de la temporada, afloró la rabia al servicio de la razón y fueron limando segundo a segundo rumbo a la tercera ciaboga…y partió el segundo remo. Sus astillas se clavaron en nuestros corazones con la fuerza de la impotencia y la injusticia, aliados terribles en cualquier competición. Astillero olió la sangre, pero su intento de ganar la tanda para devorar distancia en la clasificación general fue en vano y solo pudieron restar un punto. Mal menor.

Un afinador. Agustín, nuestro entrenador, está dotado de un oído exquisito. Las notas que destilaba la Santa Olalla a lo largo de la Liga Eusko Label no eran de su agrado, algo discordaba e impedía que nuestra trainera emitiese el sonido perfecto, “la ansiada melodía del remero”. Es un espectáculo ver cómo tensa las cuerdas de las bancadas, cómo alinea los tonos de los toletes en busca de la afinación correcta, cómo fija las alturas para que cada intervalo de los remos en el agua alcance la nota adecuada. ¡Cuántas horas de sacrificio entre las sombras! ¡Qué hermosura cuando el instrumento está afinado!

Si bien la rotura de dos cuerdas impidió a nuestra tripulación terminar el concierto en Hondarribia en plenitud de facultades, el domingo en Ondarroa salieron al mar con la mirada y el coraje de los campeones, dispuestos a homenajear a los aresanos y aresanas que emigraron a estas tierras a ganar el sustento para sus familias.

En el corazón de las tinieblas nuestros remeros son capaces de iluminarnos con su luz y si la trainera está afinada, su melodía sonará dichosa entre las olas. Y ya desde los primeros compases del primer largo la Santa Olalla de Lubre enseñó la proa a sus rivales; Astillero y Cabo de Cruz, ensordecidos por las notas de nuestros remos, quedaron por la popa y la regata se convirtió en un mano a mano entre San Pedro y Ares. Apareció nuestra remada amplia y armoniosa, y solo en el último suspiro los sampedrotarras consiguieron doblegar a los nuestros, que acabaron tan exhaustos como satisfechos. Octavos en la Bandera de Ondarroa, doce puntos sobre Astillero en la clasificación general. El play off cada regata está más cerca.

Y para cerrar un domingo perfecto, nuestro patrón y entrenador, Agustín, se llevó los tres puntos al mejor patrón. Su batuta dirigió con excelencia a unos remeros que hicieron sonar a la afinada Santa Olalla mejor que nunca.

¡AÚPA ARES! ¡ETERNOS!

JOSE MONTERO VILAR. 

Hondarribiko XXX Bandera - GP Mapfre - XXXIII. Ondarroako Bandera 

DOS REMOS Y UN AFINADOR