VIII Bandera Caixabank  

XXXVII Bandera Petronor

UNA CUENTA PENDIENTE

“Tenemos una cuenta pendiente”, exclamaba con determinación uno de nuestros canteranos. “La Contxa nos debe una y tiene que ser mañana”, asentía otro. La VIII Bandera CaixaBank, que tenía como escenario la Bahía de la Contxa, estaba marcada en rojo por nuestros remeros. El buen inicio de Liga en A Coruña inundaba de optimismo a nuestra tripulación y confabulaban en su retiro de Orio para saldar sus deudas.

Donostia nos recibió esplendorosa. El rudo Cantábrico respiraba tranquilo acunado por una ligera brisa, los dedos del sol acariciaban sus olas con sutileza y dibujaban una cautivadora ardentía. El “Teatro de los Sueños” del mundo del remo lucía bello y fascinante.

Al abrigo de los míticos Igueldo y Urgull, la trainera aresana salió con un ritmo endiablado. Nuestros remeros querían ganar la tanda y con esa férrea voluntad bogaban; esperaban un mar sucio y una ola compleja y perversa al norte de la Isla de Santa Clara. Pronto enseñamos la proa a Zarauz y Lekittarra mientras Kaiku sufría para acompañarnos. La Santa Olalla de Lubre retozaba primorosa anhelando el contacto con la boya cuando unas desdichadas olas metieron agua en su regazo. La ligera ventaja se esfumó y tocamos baliza terceros.

Con un lastre añadido de varios litros de agua tocaba sufrir. Los segundos iban cayendo golpe a golpe frente a Zarauz y Lequeitio, favorecidos por las calles externas, mientras los kaikutarras se hundían en la cuarta posición. Los nuestros supieron sufrir y defendimos el crono hasta la última palada. Terceros en nuestra tanda, décimos en la Bandera. Zarauz nos restó tres puntos y sumamos con respecto a Ondárroa y Kaiku.

“Lo mejor es no pensarlo mucho: seguir andando, tomar cafés, enamorarse, ver la lluvia…” Esto escribe el donostiarra Karmelo Iribarren en uno de sus poemas.

Nuestros remeros no lo pensaron mucho. Heridos en su orgullo, eludieron los pensamientos negativos, se conjuraron al calor de palabras de ánimo y tomaron café juntos enamorados de su hermoso deporte. Solo faltaba la lluvia. Y la lluvia llegó acompañada de la aurora “de rosáceos dedos”.

El domingo amaneció gris y lluvioso en Zierbena. Los relámpagos quebraban un cielo plomizo y dibujaban filigranas de plata sobre el Cantábrico. Las gotas de lluvia remoloneaban en los lomos de la Santa Olalla mientras nuestros remeros la engalanaban para una incierta batalla. Calle cuatro, malos augurios. Algunos torcían el gesto con torva mirada, unos pocos destilaban ironía, los aresanos velaban los remos con fuego en los ojos.

“Lo mejor es no pensarlo mucho: seguir remando…”

La Santa Olalla de Lubre salió primorosa como nos tiene acostumbrados. Hondarribia, la referencia en nuestra tanda, ciabogó el primero con un barco y medio de ventaja, Ares detrás, Ondárroa a cuatro segundos; Kaiku por la calle uno, sin duda la mejor del campo, se hundía a ocho segundos. El peligro estaba en los largos de vuelta. Una extraña corriente frenaba la trainera a la altura del espigón, justo donde las calles uno y dos generaban unas olas que favorecían la remada.

Segunda ciaboga, mismo escenario. Tercera ciaboga, Ondarroa a seis, Kaiku a catorce. Se acerca el espigón, acecha la corriente, las olas se envalentonan en las calles de tierra. Nuestra tripulación se ve amenazada por sus rivales que liman segundo a segundo cada palmo de ola. “Lo mejor es no pensarlo mucho: seguir remando…”  Se oyen gritos en el vientre de nuestra trainera, alaridos de orgullo, un bramido unánime. La proa de la Santa Olalla de Lubre muerde el mar, escupe espuma y salitre. Nuestros remeros entran exhaustos en meta delante de sus fundidos contrincantes.

Segundos en la tanda frente a rivales directos. Sin duda alguna nuestra regata más difícil, más compleja, más completa. Novenos en la clasificación general de la XXXVII Bandera Petronor. Novenos en la clasificación general de la Liga. ¡Fantástico!

Sabemos dónde está nuestra Ítaca.

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